Viernes 3 de Setiembre, 2010
¿Dos Éticas?
El desarrollo de este tema es un fragmento del libro “El Equilibrista”. Si bien el centro de atención de esta obra es la armonía entre la vida y el trabajo, ésta es una pregunta que su autor, el Sr. Marcos Cristal, se hizo a sí mismo para compartirla con nosotros y explayarse sobre este punto neurálgico que en la vida de todos es el tener que enfrentarse a dilemas éticos. Y es esa misma duda la que nos incentivó a traer este material, para juntos iniciar, un camino de reflexión.


Quizás el filósofo clásico que inició y desarrolló más en profundidad este tema de la ética fue Sócrates, no solo en sus diálogos con sus discípulos, sino también en su actitud ante la vida. Entre otras historias sobre Sócrates, Platón, quien dedicó gran parte de su obra a dar a conocer el aporte de su maestro, destaca la actitud de éste ante la condena del tribunal ateniense a morir envenenado. Como se estilaba en esa época, promovida por sus discípulos, tiene la oportunidad de huir para evitar su muerte. Es conocida la decisión de Sócrates de obedecer a su ética: no huyó y tomó la cicuta que lo llevó a la muerte.

Galileo, condenado por la Inquisición y con el riesgo de perder la vida, decide retractarse de sus ideas. Sócrates, Galileo ....¿Dos éticas diferentes?. Vale la pena detenerse en este último, enorme hombre, uno de los iniciadores de la ciencia moderna. Galileo fue condenado por reivindicar la estabilidad del Sol y el movimiento de la Tierra alrededor de él. Al sufrir la condena, aceptó retractarse, lo cual generó la crítica de muchos de sus seguidores.

El enfoque ético de Galileo parece haber sido el de luchar por desarrollar su obra en un entorno adverso. Ante la condena, decide callar, con guardias que lo vigilan las veinticuatro horas en su domicilio, pero con miras a seguir su trabajo y dejar su legado. Negocia el silencio para sostener su grito. Los principios y sus tácticas en debate permanente. ¿Dos éticas?.

Sócrates decide no escapar y con ese acto pierde la vida. A la vez, con ello, corona su mensaje: la ética. Galileo decide jugar con la apariencias: aparece retractándose. Sus discípulos no pueden creerlo y lo denigran. Pero Galileo, que va quedando ciego, encerrado en su casa, como si fuese una celda, casi sin luz, con guardias que lo vigilan todo el tiempo, escribe y escribe, con las fuerzas que le quedan. Finalmente hace llegar a sus discípulos, de manera clandestina, sus Discorsi, su legado científico. Convirtiéndose en el pionero de la ciencia como se la conoce hoy.

Cuentan que al salir del Tribunal de la Inquisición que lo juzgaba en Roma, justo después de retractarse, Galileo habría afirmado: eppur si muove (...y, sin embargo, se mueve), ratificando con ello lo incontrovertible del movimiento de la Tierra alrededor del Sol, a pesar de su retractación y de todo el poder demostrado por sus verdugos. Algunos historiadores señalan que no se pudo confirmar ese dicho. Si no llegó a expresarlo, con seguridad lo pensó, plenamente consciente de que los hechos y la ciencia del futuro le darían la razón y que los herederos de sus inquisidores deberían ellos mismos retractarse de su ignorancia y estrechez mental, aceptando las explicaciones de Galileo. En efecto, esto ocurrió doscientos años más tarde.

Galileo se adelantó a su tiempo. Fiel a la dirección que eligió para su vida, adoptó una táctica que no sólo le permitió salvarse, sino también negociar una especie de beca no cejar hasta completar su obra, su aporte científico. Aquí los medios no traicionaron a sus fines.

A medida que fui descubriendo estas biografías, me di cuenta del sufrimiento compartido y me pregunté seriamente si no era mejor apuntar a una vida más ordinaria, la de un desconocido. Me cuestioné si querer trascender como ellos, además de no ser fácil para cualquier mortal. Requería una dosis elevada de sufrimiento. Como si la creatividad y el malestar fueran de la mano. Yo pertenezco a esa generación que mamó la idea de que el camino del éxito tiene dosis fuertes de sufrimiento.

Luego reflexioné que son muchos más los que sufren que los que logran hacer algo constructivo con su malestar. Estos seres humanos son un buen ejemplo de cómo algunas penurias pueden convertirse en un motor para generar un aporte creativo, un valor agregado a la humanidad, a partir de tener en claro las metas para sus vidas, para su obra. Me refiero al sufrimiento como bastión, en vez de cómo una derrota o excusa. Y estos modelos nos sirven, son necesarios, casi indispensables, para delinear, para definir nuestra moral, nuestra ética, la más alta, como seres humanos.

¿Qué lección podría obtener una empresa de estos ejemplos, para desarrollar en sus jóvenes talentos el aporte creativo? ¿Cuán lejos estamos, en la mayoría de los casos, de encontrar iniciativas en las que las compañías o algunos de sus gerentes generen espacios de este tipo? En mi vida como consultor he visto, una y otra vez, la necesidad de esos espacios y de los beneficios que pueden acarrear. ¿Qué responsabilidad generacional tenemos nosotros frente a ello? ¿No es acaso el deber mayor de quienes enseñamos garantizar que el alumno sea mejor que el maestro? ¿No es el mejor legado de un jefe impulsar una generación que lo supere?

Hoy nos maravillamos con los aportes a la humanidad de estos talentos tan importantes en los campos de las ciencias, las artes, la filosofía...aunque en su momento, parecieran haber nacido en el siglo equivocado. Acaso, a la mirada de algunos, resultan ser alquimistas del dolor, capaces de convertir en fuerza vital aquello que los agobia.

Hoy, la incertidumbre y cierto desconcierto desparraman sus efectos sobre muchos jóvenes inquietos y sobre sus expectativas. A esos jóvenes y a las empresas que los entrenan en sus pasos iniciales en la vida laboral, les vendría bien abrir un espacio de reflexión acerca de estos hombres que dejaron la huella de sus obras en la historia e hicieron del sufrimiento un combustible para movilizar sus energías creativas, reafirmando una ética sobre cómo darle trascendencia a su hacer.

 

Fuente: Libro El Equilibrista

Autor: Sr. Marcos Cristal,

Editorial Grijalbo

www.marcoscristal.com

 

 


  Versión Imprimible

  : Términos y Condiciones      : Política de Privacidad      : Copyright © 2005 Petrobras